Álava, el lujo de descubrir un destino todavía auténtico
Hay viajes que se recuerdan por los grandes monumentos que visitamos y otros que permanecen en nuestra memoria por las sensaciones que nos dejan. Álava pertenece a esta segunda categoría. Un territorio donde el lujo se encuentra en caminar entre bosques en silencio, descubrir una pequeña villa medieval, contemplar kilómetros de viñedos, sentarse ante una buena mesa o simplemente disfrutar de un paisaje sin multitudes.
Álava nos descubre su lado más desconocido: naturaleza, patrimonio y gastronomía
Después de acercarnos a su propuesta turística, hemos descubierto una Álava que probablemente todavía no conocen muchos viajeros. Una tierra situada entre montañas y viñedos que reúne en un territorio relativamente pequeño una sorprendente variedad de experiencias.
Y quizá lo más interesante sea que no hace falta elegir entre naturaleza, cultura, gastronomía o enoturismo. Aquí todo está conectado.
El placer de viajar despacio
En tiempos en los que muchas ciudades y destinos turísticos soportan una creciente presión de visitantes, Álava plantea una alternativa diferente.
Aquí el viaje se puede hacer sin prisas.
Podemos comenzar la mañana recorriendo las calles medievales de Vitoria-Gasteiz, continuar después hacia un bosque de hayas, visitar una pequeña localidad cargada de historia y terminar la jornada entre viñedos degustando un vino de Rioja Alavesa.
Es una manera de viajar que encaja perfectamente con el concepto de slow travel, pero también con una nueva idea de lujo basada en las experiencias, la tranquilidad y la autenticidad.
Porque el verdadero privilegio, en muchas ocasiones, consiste simplemente en poder disfrutar de un lugar sin aglomeraciones.

– Vitoria-Gasteiz
Vitoria-Gasteiz, una capital que se descubre caminando
Nuestro recorrido comienza en Vitoria-Gasteiz, una ciudad que sorprende especialmente cuando se descubre a pie.
Su Almendra Medieval concentra buena parte de su patrimonio histórico y mantiene intacta la esencia de la antigua ciudad amurallada. Pasear por sus calles permite encontrarnos con palacios, iglesias, plazas y edificios históricos que explican el pasado de la capital alavesa.
La Catedral de Santa María es una de las grandes paradas de este recorrido. La conocida Catedral Vieja no solo destaca por su arquitectura, sino también por la posibilidad de conocer de cerca su proceso de restauración y descubrir la historia de la propia ciudad a través de sus muros.
Pero Vitoria-Gasteiz tiene una segunda personalidad que resulta todavía más sorprendente.
Es una ciudad profundamente vinculada al verde.
Su Anillo Verde, formado por diferentes parques y espacios naturales, permite rodear la capital caminando o en bicicleta. Salburua, Armentia y Zabalgana son algunos de los lugares que nos permiten comprobar cómo naturaleza y vida urbana conviven prácticamente puerta con puerta.

– Parque Natural de Izki
Una Álava que empieza cuando termina la ciudad
Pero es al abandonar Vitoria-Gasteiz cuando empezamos a descubrir la verdadera diversidad del territorio.
Hacia el norte nos espera el Gorbeia, con sus grandes masas forestales, senderos y paisajes de montaña. Es un territorio perfecto para quienes buscan caminar, respirar aire puro y disfrutar de una naturaleza que cambia completamente con las estaciones.
Más al oeste encontramos Valderejo, uno de los espacios naturales más singulares de Álava, con un paisaje marcado por montañas, bosques y grandes paredes rocosas.
Y también está Izki, otro de los grandes espacios naturales alaveses, donde el bosque vuelve a convertirse en protagonista.
Son lugares que permiten realizar algo tan sencillo como reconectar con la naturaleza y que, precisamente por no encontrarse entre los grandes destinos turísticos masificados, conservan una personalidad especial.

– Salto del Nervión
El espectáculo del Salto del Nervión
Entre las experiencias naturales que debemos apuntar en nuestra agenda está el Salto del Nervión.
El paisaje que rodea este impresionante salto de agua nos recuerda que no siempre tenemos que viajar muy lejos para encontrar escenarios espectaculares.
La experiencia cambia dependiendo de la época del año y de las condiciones meteorológicas, pero cuando el agua cae sobre el impresionante cortado, el espectáculo natural es difícil de olvidar.
Es uno de esos lugares que encajan perfectamente en la filosofía turística que está promoviendo Álava: naturaleza, actividad al aire libre y descubrimiento sin prisas.

– RIOJA ALAVESA Bodegas YSIOS
El paisaje cambia y aparece Rioja Alavesa
Y entonces ocurre algo curioso.
A medida que descendemos hacia el sur, el paisaje comienza a transformarse.
Los bosques y las montañas dejan paso a las extensiones de viñedos de Rioja Alavesa.
Aquí el vino no es simplemente un producto gastronómico. Forma parte del paisaje, de la arquitectura, de la historia y de la propia manera de entender la vida.
Localidades como Laguardia, Labastida o Labraza nos permiten descubrir pequeñas villas históricas donde las murallas, las iglesias y las calles medievales conviven con bodegas y viñedos.
El enoturismo adquiere aquí una dimensión especialmente atractiva porque podemos pasar de recorrer una villa medieval a conocer una bodega y terminar degustando sus vinos frente al mismo paisaje que los ha visto nacer.
Arquitectura, vino y experiencias
Rioja Alavesa también demuestra que tradición y modernidad pueden convivir.
Algunas de sus bodegas se han convertido en auténticos referentes de arquitectura contemporánea, integrándose en el paisaje y transformando la visita en una experiencia cultural además de gastronómica.
Es otro de los atractivos que convierten a Álava en un destino especialmente interesante para un viajero que busca algo más que hacer turismo.
Aquí el vino se mira, se visita, se degusta y se entiende.

– Valle Salado Añana
El Valle Salado: cuando la historia se convierte en paisaje
Pero si existe un lugar capaz de sorprender incluso a quien cree conocer bien el País Vasco, ese es el Valle Salado de Añana.
Miles de eras de sal construyen un paisaje completamente diferente al que esperamos encontrar en el interior de Álava.
La explotación tradicional de la sal ha dejado aquí una auténtica obra de ingeniería histórica que todavía forma parte de la vida del territorio.
Recorrer el Valle Salado permite comprender cómo generaciones de salineros aprovecharon el agua salina para producir sal y cómo una actividad económica terminó convirtiéndose en uno de los paisajes culturales más singulares de Euskadi.
Es, sin duda, una de esas visitas que nos hacen pensar que Álava está llena de lugares que todavía no han recibido toda la atención que merecen.

– Iglesia de Alaitza
Una historia que permanece escondida
Y es que el patrimonio alavés no termina en sus monumentos más conocidos.
El territorio está salpicado de pequeños pueblos, santuarios, iglesias, restos de murallas y construcciones medievales que permiten diseñar rutas culturales completamente diferentes.
La Llanada Alavesa es un buen ejemplo.
Aquí encontramos pequeñas joyas patrimoniales como las pinturas medievales de Alaitza y Gazeo, capaces de sorprender incluso a los viajeros acostumbrados a visitar grandes museos y monumentos.
También merece una visita el Santuario de Estíbaliz, uno de los grandes referentes del patrimonio románico alavés.
Son lugares que probablemente no aparecen en las primeras páginas de las guías turísticas, pero precisamente por eso tienen un encanto especial.

– vinos de la rioja alavesa
El viaje también se disfruta en la mesa
Y si existe una manera especialmente agradable de comprender un territorio, esa es a través de su gastronomía.
En Álava encontramos una cocina que combina tradición y creatividad, producto local, pintxos, carnes, verduras, quesos, vinos y una cultura gastronómica profundamente vinculada al territorio.
La gastronomía funciona además como un hilo conductor del viaje.
En Rioja Alavesa, el vino.
En las zonas rurales, el producto local.
En Vitoria-Gasteiz, los pintxos y una interesante oferta gastronómica.
Y en todo el territorio, esa filosofía de comer bien y disfrutar de la mesa sin mirar el reloj.
Durante nuestro encuentro tuvimos precisamente la oportunidad de comprobarlo con una degustación de vinos de Rioja Alavesa y txakolis de Aiaraldea, dos expresiones diferentes de una misma riqueza enológica.

– Almudena Cid en la presentación de Turismo de Álava
Almudena Cid: descubrir tu propia tierra con otros ojos
Una de las voces que mejor transmitió esta forma de entender Álava fue Almudena Cid, embajadora del territorio y de Vitoria-Gasteiz.
Su experiencia viajando por todo el mundo le ha permitido comparar y, sobre todo, apreciar aquello que muchas veces tenemos más cerca y no valoramos suficientemente.
Bosques, pueblos, gastronomía, tranquilidad y patrimonio forman parte de una Álava que ella reivindica con orgullo.
Y hay una reflexión suya que resume perfectamente la experiencia: después de viajar por tantos lugares, resulta especialmente gratificante descubrir que no siempre necesitamos irnos lejos para encontrar paisajes y experiencias extraordinarias.

– El director de Empleo, Comercio y Turismo, Felipe García, y la concejala de Promoción Económica, Empleo, Comercio y Turismo, María Nanclares
Una escapada que empieza en Barcelona
La cercanía y las conexiones convierten además a Álava en una opción especialmente interesante para el viajero catalán.
Cataluña es uno de los principales mercados emisores hacia el territorio y durante 2025 cerca de 49.000 viajeros catalanes visitaron Álava, generando casi 106.000 pernoctaciones.
La conexión aérea directa entre Barcelona y Vitoria-Gasteiz facilita además la posibilidad de plantear una escapada de pocos días o utilizar la capital como punto de partida para descubrir el conjunto del territorio.
Y eso es precisamente lo que recomendamos: no quedarse únicamente en Vitoria-Gasteiz.
La verdadera sorpresa aparece cuando nos alejamos de la capital y comenzamos a recorrer sus carreteras, sus pueblos, sus bosques y sus viñedos.
El nuevo lujo: tener tiempo
Después de conocer Álava, nos quedamos con una conclusión que encaja especialmente bien con la filosofía de viajar despacio.
El lujo está cambiando.
Ya no siempre buscamos el destino más exclusivo, el hotel más espectacular o el restaurante más sofisticado.
Cada vez valoramos más poder desconectar, disfrutar de la naturaleza, descubrir lugares auténticos, comer bien y disponer de tiempo.
Y Álava ofrece precisamente eso.
Una mañana entre los bosques de Gorbeia. Una ruta por el Salto del Nervión. Una tarde recorriendo la Almendra Medieval. Una visita al Valle Salado. Un paseo entre los viñedos de Rioja Alavesa. Una cena acompañada por un buen vino.

– Playa de Landa-embalse de Ullibarri-Gamboa
Experiencias diferentes, pero unidas por una misma filosofía.
Viajar despacio. Descubrir lo que todavía permanece auténtico. Y disfrutar de un territorio que, quizá precisamente porque todavía no es uno de los grandes destinos masificados, conserva intacta buena parte de su magia.
Álava no parece querer convertirse en el destino que todo el mundo visita.
Y quizá ahí esté precisamente su mayor atractivo.










